Esquinas que hablan – Últimas Noticias
El Diario de Avisos del 30 de septiembre de 1876 anunciaba con célebre entusiasmo que “al fin vamos a salir de las esquinas del Truco, del Candilito, de Manduca, de Zamuro, de Ferrenquín, de cuyos nombres prosaicos no queremos acordarnos.
Al fin, no tendremos que situar las direcciones entre las esquinas de tal y la de cual, sino de número de la calle y casa respectiva”. Esta noticia hace alusión a la contratación del entonces gobernador del Distrito Federal, en plena transformación guzmancista, con Arístides Rojas y Cesáreo Suárez para dotar a Caracas de una nomenclatura urbana a la usanza de Nueva York, en la que la ciudad quedó dividida por una gran cruz de norte a sur y de este a oeste.
Así se insertó las menciones “avenida Norte Cero” u “Oeste 4”. Es que Caracas desde sus inicios no contaba con un repertorio de nombres oficiales para sus calles, por lo que la población le asignó a cada esquina nombres sujetos a un edificio, templo, apellido, evento, toponimia o vegetal que la destacara.
Con la llegada del obispo Díez Madroñero y con la intención de “fervorizar más las almas” decretó el 3 de enero de 1766 una señalización con números arábigos para las cuadras, en la que además, tendrían por nombres episodios de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo y las cuadras títulos bajo las diversas advocaciones de la Madre de Dios.
Recordamos que el obispo logró que el cabildo caraqueño designara a la capital “Ciudad Mariana de Nuestra Señora de Caracas”, según acuerdo de 22 de enero de 1764. En tiempos de la incipiente República, la corporación municipal dotó a la ciudad de nombres poéticos e ilustres próceres, tales como Ricaurte, Leyes Patrias, Carabobo, La Paz, Fraternidad, Primavera, Unión.
Caracas comparte junto con Ciudad de México esta peculiar manera de asignación popular y que, a pesar de decretos oficiales, los caraqueños conservan el alma insurgente de mantener los nombres que el pueblo les ha asignado.
Constituye un patrimonio cultural inmaterial que, si no es sostenido por las personas, corre el riesgo de perderse. Por eso, iniciativas como la de Manuel Lara y su Greetings from Caracas, en la que rinde homenaje a más de 400 esquinas citadinas, ilustrando en postales sus placas identificadoras, constituyen esfuerzos para sostener esta singular tradición.
