Biden va echando más gasolina a la candela
El pasado domingo, se informó que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a quien le faltan solo dos meses para entregarle el poder a Donald Trump, autorizó a Ucrania utilizar misiles de largo alcance de fabricación estadounidense, para atacar territorio ruso.
Se trataba de una línea roja que hasta este momento había evitado cruzar el ahora saliente mandatario, ante el evidente peligro que representaría tal hecho, al verse involucrado Estados Unidos, formalmente, en la guerra que desde hace dos años y un poco más sostiene el régimen de Volodímir Zelenski y lo hace precisamente antes de que asuma el magnate devenido en político, quien ha vociferado que terminará tempranamente con esa confrontación.
Por supuesto, tal decisión levantó controversias y alarmas, ante el que se considera un peligroso paso que apunta a echar más gasolina sobre el fuego ardiente en esa guerra, en la cual pudiera estar en riesgo incluso la paz mundial.
Desde ambos extremos, EEUU y Rusia, hubo voces coincidentes: el futuro secretario de Salud del gobierno de Trump, Robert Kennedy Jr, clamó por que el jefe de Estado en la pista de salida estaría buscando la Tercera Guerra Mundial y en eso coincidió el expresidente y actual vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, quien como es usual en él no se midió al sentenciar que “quizás el viejo Biden decidió de verdad irse a lo lindo de la vida, llevándose consigo gran parte de la humanidad” .
El martes hubo un ataque ucraniano con los misiles Atacms hacia la provincia de Briansk neutralizado por las Fuerzas Armadas rusas; más tarde, el presidente Vladimir Putin firmó, seguramente a manera de aviso, la nueva doctrina nuclear actualizada de la Federación, mediante la cual se garantiza “que los adversarios potenciales comprendan la inevitabilidad de las represalias en caso de agresión contra la Federación Rusa o sus aliados”, caso Bielorrusia.
Y eso implica, literalmente, “disuasión nuclear”.
Interpretaciones.
La decisión del saliente Joe Biden generó distinta interpretaciones, por supuesto, una de ellas visceral, como la del propio hijo de Donald Trump, del mismo nombre, quien soltó que “el complejo militar industrial parece querer asegurarse de que pongan en marcha la Tercera Guerra Mundial antes de que mi padre tenga la oportunidad de crear la paz y salvar vidas”, para luego rematar con una sola palabra: “¡Imbéciles!”.
Expertos citados por el portal ruso Sputnik hicieron apuntes menos viscerales, como Michael Maloof, exanalista principal de política de seguridad en el Departamento de Defensa de EEUU, para quien los referidos misiles son en vuelo similares o inferiores a los drones ucranianos, por lo cual representaría “un acto de escalada innecesaria”.
El internacionalista argentino Samuel Losada recordó que el secretario de Defensa de Biden, Lloyd Austin, antes de asumir el cargo era miembro de la junta directiva de la empresa Raytheon Technologies, fabricante de armas que es la principal contratista militar de EEUU y estima que el principal objetivo es “generar una escalada del conflicto, al menos en el corto tiempo, haciendo que los ánimos sean menos propicios todavía para negociar en estos próximos meses”, bloqueando las intenciones de Trump de finalizar esta guerra.
“Se trata de una provocación para obligar a Trump a dialogar con el complejo militar-industrial estadounidense sobre la ruta económica que seguirá”, dijo a su vez el experto de la Universidad Autónoma de México Moisés Garduno.
Y otro analista especializado en geopolítica, Oswaldo Espinoza, recordó que “Ucrania no tenía ni los medios ni las capacidades para llevar a cabo dichos ataques sin el apoyo directo de las fuerzas de la Otan en materia de inteligencia, tecnología y personal calificado”.
Eso, a su juicio, implicaría que los países de la Otan se involucren de manera directa.
Putin advirtió: Occidente entraría en la guerra


En septiembre, el presidente Vladimir Putin ya había advertido que en caso de permitirse al régimen de Volodímir Zelenski atacar las profundidades del territorio de ese país con armas occidentales, las naciones de la Otan estarían “en guerra con Rusia”.
“Si se toma esta decisión, significará, nada menos, que la implicación directa de los países de la Otan (…) en la guerra de Ucrania. Esa es una implicación directa. Y si es así, con vistas a cambiar la naturaleza del conflicto, tomaremos la decisión adecuada en función de las amenazas que se nos planteen”, remarcó.
En octubre, entrevistado por el periodista Pável Zarubin, volvió a abordar el tema apuntando que “no se trata de si se permitirá o no que alguien utilice estas armas contra Rusia”, sino que “las tropas ucranianas no pueden usar estas armas por sí mismas, solo lo pueden hacer especialistas de los países de la Otan, porque se necesitan medios de reconocimiento espacial, que Ucrania naturalmente no tiene”, enfatizó el mandatario.
Luego añadió: “La única pregunta es si se permitirán a sí mismos atacar territorio ruso”, para dejar muy claro que el Ministerio de Defensa de Rusia analizaba posibles respuestas ante eventuales ataques.
Los Atacms no cambiarán el curso de la guerra
El Sistema de Misiles Tácticos del Ejército (Atacms, por sus siglas en inglés, pronunciándose “attack’ems”) puede alcanzar un máximo de 350 kilómetros de distancia con una ojiva contentiva de 170 kilos de explosivos, con capacidad para volar más alto en la atmósfera que los cohetes de artillería y en muchas ocasiones más lejos.
Se pueden disparar desde las lanzaderas móviles Himars que Estados Unidos le ha entregado a Ucrania o de las M270 más antiguas proporcionadas por Alemania y el Reino Unido.
Joe Biden se había resistido a autorizar al régimen de Volodímir Zelenski a utilizarlos cruzando la frontera rusa, argumentando que “estamos intentando evitar la Tercera Guerra Mundial”.
“Estos Atacms no van a cambiar el curso de la batalla en Kursk”, le declaró a The New York Times John Sullivan, exembajador de EEUU en Rusia, coincidiendo con el secretario de Defensa, Lloyd Austin. La directora de análisis militar de Defense Priorities, Jennifer Kavanagh, citada por la AP, explicó que “para en verdad imponer costos a Rusia, Ucrania necesitaría de grandes reservas de Atacms que no tiene y no recibirá porque los propios suministros de Estados Unidos son limitados” y a su juicio el mayor obstáculo para Kiev es “la falta de personal capacitado y listo, un desafío que ni Estados Unidos ni sus aliados europeos pueden resolver y que todas las armas del mundo no superarán”.
