Al rescate del debate universitario
El aula universitaria es el sitio propicio para desarrollar las potencialidades de nuestra juventud. No existe otro lugar tan conveniente, como el salón de clases, para que las y los estudiantes descubran las distintas realidades que constituyen su vida cotidiana. Sin embargo, son muchos los peligros que se ciernen sobre el éxito de tan importante experiencia académica.
En primer lugar, es importante contar con un docente (o una docente, por supuesto) con una profunda preparación, no solo en los temas clave para la formación técnica y profesional de quienes buscan ingresar al mercado laboral, sino también con una altísima conciencia crítica acerca de la complejidad de la sociedad que les tocará enfrentar.
Seguidamente, es necesario una institucionalidad universitaria que, además de la enseñanza estrictamente orientada al trabajo, fomente también el pensamiento crítico y asuma sin miedos el tratamiento de temas verdaderamente esenciales para que los jóvenes comprendan el intrincado laberinto en el que se encuentra hoy la humanidad.
De hecho, la Ley de Universidades, en su artículo 1, lo estipula claramente: “La universidad es fundamentalmente una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre”.
En tercer lugar, se requiere un estudiantado dispuesto al diálogo y, sobre todo, al debate. Pero no se trata de una contienda cualquiera: confrontativa, excluyente o agresiva. Se trata de un acercamiento sincero, dentro de los cánones académicos y universitarios, en el que juntos, estudiantes y profesores, procuren la búsqueda de la verdad y el logro del entendimiento colectivo.
No obstante, hoy en día, vivimos una educación universitaria con docentes orientados únicamente a la formación profesional; una institucionalidad volcada sobre sí misma; y, por último, un alumnado que arrastra duras historias personales, con traumas propios y dogmas impuestos, que les impiden asumir libremente el debate de las ideas.
Si queremos rescatar la universidad venezolana, cuyo fin último es “afianzar los valores” de la humanidad, ello solo es posible recuperando la importancia del aula como sitio seguro para el debate, con docentes preparados y estudiantes dispuestos a la experiencia de aprender también para la vida.
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