18 abril, 2026

Lula, Esequibo, el plan de anexión de América del sur a los Estados Unidos

Orangután trata su propia herida con una planta medicinal

Con Caldera se abre una tregua de doce años para definir el punto esequibo. La ultra derecha venezolana está indignada, señala que las treguas siempre son desastrosas. La explicación calderista del Protocolo de Puerto España era distinta. Según ella, Brasil aspiraba a expandirse so­bre Venezuela y poseer la faja petrolífera del Orinoco, y sobre Ecuador, dominando a Guayaquil, todo en continuación de un muy norteamericano plan Kubistchek-Pérez Jiménez que muy posiblemente es el de Donald Trump hoy y se llamaba Desacoplamiento europeo, cuyo lema es entregar Europa a Rusia a cambio de que ésta entregue América latina a los Estados Unidos. Había que frenar eso y la conciliación con Inglaterra que realiza Caldera trabaja para eso porque –es el postulado central de mi libro El Esquibo, camino secreto para la anexión de América del sur a los Estados Unidos– la función de la Guayana Inglesa desde su creación en 1616 hasta 2015 es impedir que los Estados Unidos conquiste América del sur.

Sucede algo más, Caldera adelanta un programa titulado La Conquista del Sur, que se presenta como ocupación de inmensas regiones selváticas limítrofes con Brasil, semiabandonadas por Venezuela desde siempre. Aparentemente es un acto de prevención ante Brasil, asimismo un gesto de conciliación hacia el nacionalismo alarmado por el manejo del asunto guyanés, pero he aquí que diez años después (1980), el hombre a quien puso Caldera en las manos la Conquista del Sur, José Curiel, publica un libro, Secretos del mundo perdido, en el que parece revelar que lo que estuvo planteado en el citado proyecto fue la construcción del Canal Intersuramericano, acto perceptible históricamente como antibritánico, como apertura del Esequibo y ek Orinoco  Los Estados Unidos.

El libro de Curiel está lleno de datos de exploraciones, tratos con los indígenas, construcción de aeropuertos en la selva, pero de la página 207 en adelante inserta un largo capítulo titulado «La in­terconexión fluvial, un reto a la imaginación». De él transcribimos algunos párrafos:

«El “Hinterland” es una extensa área del planeta, que comprende la cuencas de los ríos Amazonas, Orinoco y La Plata. Para tener una idea de la inmensidad terri­torial, baste saber que es una vez y media la superficie continental de los Estados Unidos y casi tan grande y poco conocida como la superficie de la luna. En esas cuencas se genera el 30% del total de agua dulce que existe en el mundo…/…Los grandes ríos, navegables en gran parte, que atraviesan este territorio, forman la red de canales más extensa del mundo».

Una idea persistente en el texto es la de ser semidespobladas es­tas zonas —apenas unos 11 millones de personas vivían en él—, y que ello facilitaría su unión política. El llamado Pacto Amazónico, propulsado por Brasil, habría sido fir­mado por Venezuela pero “Se teme que, en la práctica, sea un instrumento que permita el establecimiento de la hegemonía de un país en el área», o sea Brasil”.

Se incorpora una narración del viaje del sacerdote Cortés de Madariaga, participante del primer acto de la independencia venezolana, masón yorkino, enemigo sistemático de Simón Bolívar y adepto apasionado de Francisco Miranda. El viaje de Cortés de Madariaga fue ordenado por Miranda y -en coincidencia perfecta con la intención del libro- fue  de signo canalero, atravesando desde las inmediaciones de Bogotá hasta las bocas del Orinoco, aspiró a unir a Venezuela y la Nueva Granada, actual Colombia.

En la página 212 es abordado el obstáculo político que tropezó el proyecto de Caldera: «En cuan­to al Brasil, el planteamiento hecho durante mi visita oficial, fue acogido favorablemente a nivel técnico. Sin embargo, la política de su Cancillería, para la época, no era favorable para el logro de resultados concretos».

Esa cancillería Itamaratí era conocida como probritánica, adversó la Operación Panamericana, de fuerte intención anexionista hacia los Estados Unidos, que es descrita por Altuve Carrillo y parece otra vez intentarse.

Clausura el libro un texto del entonces can­ciller Arístides Calvani, titulado Camino del sur, camino de la historia. Asienta Calvani:

«Las grandes civilizaciones no tecnológicas se constru­yeron en torno a grandes ríos: Egipto, Caldea, India, China. Los chinos actualmente sueñan con poder in­tercomunicar sus ríos, a partir del Yan-Tsé Kiang, que constituye el centro de su desarrollo».

Este conjunto de datos permite la constatación de la vida que mantenía el proyecto canalero en 1968. Por otra parte, resulta paradójico que Calvani presente la función de los canales como útil para los países cuando acaba de organizar como canciller de Venezuela el Protocolo de Puerto España, conciliador con Inglaterra, país en ese entonces taponante del canal de anexión a los Estados Unidos.

Desde 2015 Inglaterra entregó el  Esequibo a Estados Unidos, Maduro, que no está pintado en la pared, hizo el referendum, asumió su defensa.

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