Mala compañía – Últimas Noticias
Si Edmundo González Urrutia fue funcionario de confianza de la embajada de Venezuela en El Salvador durante el gobierno socialcristiano de Luis Herrera Campins —que intervino en esa nación centroamericana como herramienta vergonzosa de Estados Unidos (tiempos del ultraneoliberalismo anticomunista enfermizo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher)—, no tiene nada de raro que vaya a Madrid y se le cuadre a Alberto Núñez Feijoo, amo y señor del Partido Popular, quien juega banco a la espera de llegar algún día a la Moncloa, y menos extraño resulta que se abrace con el nazi ibérico Santiago Abascal, líder del partido Vox, posando para la foto ante una bandera de siete estrellas.
No hay que dejarse engañar por la sonrisita de yo no fui que utiliza tal personaje para dar la idea de que no es capaz de matar ni una mosca ni de romper un plato. Porque no cabe duda de que el tipo se las trae.
Valgámonos de tres ejemplos para sustentar tal afirmación:
El primero tiene que ver con la gran capacidad de paciencia demostrada para aguantar los gritos, desplantes y, especialmente, la vibra negativa de su antigua jefa, para luego, con su silenciosa fuga inmediata, dejarla con los crespos hechos, en ridículo frente a la “comunidad internacional” y la nación entera y, especialmente, ante los más rudos votantes del universo escuálido.
El segundo muestra el uso de su experticia del mundo diplomático para la intriga y la cosecha de beneficios propios. El excandidato de papel le pintó pajaritos en el aire al embajador de Países Bajos, quien le dio techo y comida por semanas, esperando obtener rédito político, para más tarde dejarlo como novio abandonado en el altar, al entregarse en los brazos de la madre patria.
Y el tercero es aún más ilustrativo. Apenas llega a Madrid, logró que lo recibiera el presidente español, Pedro Sánchez. Luego, casi que inmediatamente, se retrata y sirve de excusa para darle buena prensa (ABC, El Mundo y otros) a Núñez y Abascal, exponentes de los sectores más reaccionarios de España, quienes usan la figura de González para atacar al mandatario que le sirviera de primer anfitrión.
Salió enredador y malagradecido el señor. Tal vez por eso se cree que al revisar su curioso comportamiento, el Gobierno español está estudiando la posibilidad de devolverle el regalito a los holandeses. Habría que ver si ante tales antecedentes estos aceptarían andar de la mano con quien ha demostrado ser muy mala compañía.
