No es cosa de opiniones
El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, afirmó, luego del bombardeo israelí sobre el Líbano donde fue asesinado el líder de Hezbolá: “Hasán Nasralá fue un terrorista brutal cuyas numerosas víctimas incluyeron estadounidenses, israelíes, civiles de Líbano, civiles de Siria y muchos otros…”
Blinken olvida que lo mismo podría decirse de muchos de los presidentes de Estados Unidos: terroristas brutales y responsables de millones de víctimas en todo el mundo. O de su aliado Benjamín Netanyahu, quien aparece en una foto difundida por su propia oficina, ordenando el ataque por teléfono desde un hotel en Nueva York, justo antes de pronunciar su discurso en Naciones Unidas. Netanyahu es responsable directo del genocidio contra la población palestina. No sé qué opinaría Blinken de un bombardeo masivo sobre el hotel de Nueva York donde se hospedaba el asesino.
El tema no es si alguien estaría en capacidad de asesinar a Netanyahu en las mismas condiciones en que fue asesinado Nasralá. El asunto es que alguien sí se ha tomado la libertad de asesinar a sus adversarios a cualquier costo y que, por ello, obtiene los aplausos de la mayor potencia militar del mundo, esa que también pretende ostentar el título de “potencia moral”, sustentada en portaviones y propaganda.
\Hezbolá quiere decir el “partido de Dios”, en las elecciones de 2018, la alianza en la que participó obtuvo mayoría parlamentaria. Las autoridades libanesas consideran a las milicias de Hezbolá como una “fuerza de resistencia legítima”. La calificación de “terroristas” otorgada por Estados Unidos o la Unión Europea no es compartida por la Liga Árabe.
Pero no es cuestión de “puntos de vista”. Luego de la masiva explosión de beepers y el bombardeo israelí sobre el Líbano, las fuerzas terrestres han ingresado al Líbano y extienden su agresión a Yemen y Siria. Las víctimas civiles se multiplican y un millón de personas han sido desplazadas. El respaldo de esa cruzada antiárabe es la anuencia del jefe de los portaviones, que tiene en Israel su brazo ejecutor.
Menudo mundo de colonialismo y cinismo. Blinken celebra la muerte, mientras dice que se “agota” en la “búsqueda de una solución diplomática”.
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