23 abril, 2026
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Esta es la historia de Juan de Sessa, un esclavo etíope que sorprendió a toda una sociedad. Sessa nació hacia 1518 y dos años después era comprado como esclavo por Elvira Fernández de Córdoba, duquesa de Sessa e hija del famoso Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba. Fue pronto concedido como sirviente del hijo de la duquesa. En 1524, con la muerte de doña Elvira, se trasladó con su propietario Gonzalo II a Granada, donde el noble sería educado en artes liberales.

A pesar de no tener permitido estudiar, pudo seguir de cerca la instrucción de su señor y aprender con gran rapidez. Se entregó al estudio y ganó la admiración de los profesores. Gonzalo, al notar el talento de su sirviente, lo liberó en 1538. Como hombre manumiso Juan se entregó de lleno al saber y en 1545 consiguió el título de Bachiller en Filosofía. Asimismo, contra toda convención social, contrajo nupcias en 1547 con Ana de Carleval, mujer blanca e hija del concejal de Granada. De esta unión nacieron cuatro hijos.

Juan de Sessa, que comenzó a ser conocido como Juan Latino por su dominio de la lengua de Virgilio, obtuvo el grado como Licenciado en Filosofía por la Universidad de Granada en 1556. Ese mismo año recibió de Pedro Guerrero, arzobispo de la ciudad, la tarea de regir la cátedra de Gramática y Lengua Latina. Por dos décadas ocupó tan noble oficio. Asimismo, fue consejero de Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, durante el levantamiento morisco en las Alpujarras (1568-1571). En 1586 Latino se retiró de la docencia y murió hacia 1597. Sus restos fueron inhumados en la iglesia de Santa Ana de Granada.

Juan fue uno de los mejores latinistas de la España de Felipe II. Su fama fue enorme entre la inteligencia del Siglo de Oro. Cervantes y Lope de Vega lo admiraron. Su obra poética (1573-1585) quedó condensada en tres volúmenes. Esta vida fue una de superación inusitada y de ruptura contra las barreras raciales y sociales de entonces, donde el negro era visto como un ser sin alma. El niño africano, vendido por traficantes portugueses en Sevilla, demostró todo lo contrario: fue el primer estudiante y catedrático universitario de tez oscura en Europa. Una mente brillante que ganó a los impedimentos de su tiempo.

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