23 abril, 2026
De San Remo a Caracas

Si no hay política, hay guerra. Falso porque “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. La guerra es la no política. La política debe ser arte de perfeccionamiento de la felicidad en convivencia. Requiere íntima honestidad.

La no política es la vida en cárceles y campos de concentración. En lo que ocurre dentro de sus cercas o paredes, el Estado está ausente. Allí el poder no es decisión colectiva. Se deriva de la fuerza, de la capacidad de hacer daño. Predominan los más salvajes, psicópatas y mafiosos.

La democracia debe procurar un Estado que es la sujeción del poder y la fuerza a la voluntad colectiva. Un consenso permanente es casi imposible, así que democracia es que prevalezca la voluntad de la mayoría. Quien se ve en minoría, debe respetar la decisión tomada y, si así lo quiere, continuar promoviendo sus ideas.

La locura en sustitución de la política, la incapacidad de procesar información histórica y relevante produce un efecto narcótico de desesperación, alucinación y paranoia.

Pregunten a alguien de la oposición por alguno de sus candidatos del pasado y verán que les tocará defenderlo. Todos les resultan cobardes, brutos, vendidos y corruptos.

Pero en esas campañas su candidato era brillante, colosal y poderosamente carismático. Hoy dicen lo mismo.

Tienen a la maldad de pelo largo. Un ser enfermo que les hizo creer en elecciones primarias, en las que habría votado mucha gente y que habría ganado ella. Su equipo organizó el show y quemó las pruebas del fraude.

Es un fraude continuo. La doña sabía que no podía ser candidata. Contra toda lógica, dadas unas primarias, como la “ganadora” no pudo ser, esperaríamos que el segundo más votado fuera el candidato. No es así.

El fraude trajo a otra señora y luego a otro señor. Ambas personas escogidas con la misma maldad, gente sin talento ni brillo político, incapaces de hacer sombra a la reina del fraude.

El candidato es incapaz e impedido de hablar, caminar y saltar. No sé si los radicales de derecha son honestos al decir que es un gran candidato. Tampoco sería honesto que dijeran que es medianamente bueno.

Deseo que esas afirmaciones sean íntimamente, al menos en soledad, reconocidas como deshonestas. La locura, la incapacidad de ver la realidad, también conducen a la no
política y a la violencia. Esta verdad les puede doler, pero no les daña.

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