23 abril, 2026
De San Remo a Caracas

La ebullición intelectual sobre la Carta de Jamaica en el 2015 resultó opuesta a la del centenario en 1915. En ese tiempo la inteligencia venezolana y el gobierno gomecista fueron silenciosos. Ni El Nuevo Diario, periódico del régimen, ni El Universal publicaron nota alguna de agasajo o reseña en relación con los 100 años del documento los días 6 y 7 de septiembre. En el Boletín de la Academia Nacional de la Historia, cuyo tiraje inició en 1912, la infertilidad ensayística fue clara. La primera mención del tema en esta publicación fue la de Guillermo Hernández de Alba, La carta profética de Jamaica (Boletín nº 131, julio-septiembre de 1950).

Para el sesquicentenario (1965), la situación cambió. El Boletín de la Academia Nacional de la Historia, que venía exhibiendo el asunto desde la década del 50, editó en su número 191 los trabajos de Augusto Mijares, Cristóbal L. Mendoza, Luis Villalba Villalba, monseñor Nicolás Eugenio Navarro, Ramón Díaz Sánchez, Luis Beltrán Guerrero, Daniel Guerra Iñiguez, Francisco Manuel Mármol e Hilario Pisani Ricci. El 6 de septiembre la misma Academia en unión con la Sociedad Bolivariana celebró un acto conmemorativo; por otro lado, la revista de dicha sociedad publicó los escritos de Adolfo Salvi, Lucio Pabón Núñez e Ismael Puerta. El Nacional (06-09-1965) mostró la reseña de Augusto Germán Orihuela, El Universal (05-09-1965) un texto de Alberto Sanabria y Últimas Noticias (07-09-1965) breve nota sobre el sesquicentenario.

Los enfoques historiográficos entre 1965 y 2015 mudaron notoriamente. La visión tradicional de “carta profética”, que se mantuvo sin siquiera ser cuestionada por los académicos de hace medio siglo, dio paso a la crítica rotunda. Miguel Acosta Saignes en Bolívar: acción y utopía del hombre de las dificultades y Elías Pino Iturrieta en su Nueva lectura de la Carta de Jamaica presentaron sus respectivos análisis críticos sobre la tradición profética.

El propio Libertador fue claro en la célebre misiva: “… solo se pueden ofrecer conjeturas más o menos aproximadas, sobre todo en lo relativo a la suerte futura y a los verdaderos proyectos de los americanos”. Resulta más apropiado, a mí parecer, ver su análisis como prospectivo más que profético. Bolívar era un político no un mensajero de Dios.

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