«El club de los vándalos»: una película innecesaria
“El club de los vándalos”, de Jeff Nichols, llega a los cines para narrar la historia de un grupo de hombres que a simple vista no hacían nada más que meterse en problemas. El filme recrea el nacimiento y debacle de este clan de tipos rudos que preferían pasar tiempo alimentando una imagen de malos que haciendo algo productivo por la sociedad.
De hecho, a partir de allí, la película resulta un registro ficcional de un hecho trivial sin mayor atractivo. Pero como Hollywood da para todo y quien paga produce, el filme es solo tolerable a partir de sus actuaciones.
En la dinámica seguimos el drama de una mujer (encarnada por Jodie Comer) que se enamora del motorizado joven y guapo que se salta las normas y disfruta metiéndose en problemas. Rendida ante este vándalo, la chica descubre con sus anécdotas el hilo conductor de la trama. Lo hace mientras un cronista registra la realidad detrás de este club de buenos para nada.
Liderazgo tóxico
Durante toda la película, el espectador sigue de cerca el cambio de vida de la joven. Ve cómo a partir de su relación con el delincuente, interpretado por Austin Butler, el conflicto y sufrimiento no le darán tregua.
A la cabeza de “El club de los vándalos” otro destacado es su líder, con el actor Tom Hardy encarando el reto. Lo vemos en la piel de un tipo que escapa de su vida familiar por la necesidad de sentirse el mandamás de un colectivo. Lo interesante es que al dar vida a hombres tan machistas debían esconder sus emociones, algo que resulta un reto para los actores.
La película presenta también cómo ese liderazgo se extendió a otras ciudades de Estados Unidos, a partir de filiales que acabarían siendo un nido de ratas y el detonante para su desaparición.
Si le gusta ver a tipos rudos, amantes de las motos, golpeándose y evadiendo responsabilidades, disfrutará esta película. O si conecta con ese discurso que intenta elevar la hermandad, admiración y respeto que existía entre sus miembros puede que también.
Se muestra, sin querer quizás, el mal que hicieron a la sociedad arrastrando a jóvenes que abrazarían el sueño de convertirse en verdaderos vándalos. Por no decir asesinos y violadores.
El ascenso y transformación de grupo de motociclistas, inspirada en el fotolibro homónimo de 1967, impulsa existencia de la película.
