24 abril, 2026
De San Remo a Caracas

“Cómo es posible que con este país tan jodido como está, Maduro tenga esa intención del voto tan arrecha. Eso es impresionante. Y hay que ser serios, en el sentido de que eso no es solamente porque tienen una maquinaria electoral”, decía un analista contratado, en una reunión de altos jefes de la oposición, en donde, por cierto, no estaba La Interfecta. No logré saber si fue porque no quiso ir o porque no la invitaron.

Y es que la oposición está entrando en una paranoia total, en donde algunos de esos dirigentes han calificado al “estúpido pueblo que todavía se le ocurre votar por estos chavistas de mierda”. La reacción es porque acaban de recibir los resultados de una muestra, según la cual Nicolás le ganaría a Edmundo por un margen de 4 a 1.

La paranoia se ha apoderado de tal manera que la conclusión de algunos es que es necesario preparase para cantar fraude, y esperar el desconocimiento de los países amigos de la oposición y el rechazo que, por supuesto, vendrá de la oposición mayamera, la más nefasta de todas. Pero el otro problema es que, a casi 48 días de los comicios, no han podido poner en movimiento ninguno de los planes de desestabilización que pensaban ejecutar. La razón se debe a que La Interfecta es la que está manejando los 3,4 millones de verdes que le dieron y se ha negado a autorizar el desembolso para pagar a las brigadas de choque, por lo que las pocas movilizaciones que se han hecho es porque ella las controla, pero el descontento puertas adentro es descomunal.

Oscar Schémel refiere que “los procesos de desestabilización social utilizan técnicas avanzadas de guerra psicológica y se ejecutan a través de una sucesión encadenada de eventos extraordinarios que ocasionen incertidumbre, angustia, desprotección y descontento con rabia”.

Si bien el venezolano está descontento con la realidad que vive, no quiere apostar a la violencia, o cualquier acción que lo saque de su cotidianidad, porque la va a rechazar de inmediato. Aún insiste en que el Gobierno debe resolver la situación económica del país, para volver a su estado de confort. Pero al mismo tiempo, percibe que hay un reacomodo y que la economía se está moviendo en un significativo crecimiento, a pesar de las embestidas del enemigo. Por ello considera que luego de las elecciones, el Gobierno comenzará a dar los pasos necesarios para enderezar la economía, pero está rechazando cualquier indicio de la violencia. Ya vivió la traumática experiencia de las guarimbas, que pagó en carne propia.

Esta nueva derrota de la oposición obligará a una recomposición, porque también es cierto la pérdida total de credibilidad en el mundo entero.

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